Reforma del sistema electoral

Afrontar una reforma del sistema electoral en España que nos haga más democráticos es una tarea compleja y los resultados pueden ser los no deseados. Por ello lo primero que deberíamos hacer es definir desde nuestra posición que criterios aplicamos para elegir un  sistema o unos sistemas que creemos más idóneos para cada tipo de elección.

Por que afirmar que hay uno solo que sirve para todo, es a priori, ingenuo o pedante.

Definamos primero que objetivos son los que se persiguen y cual es el sistema que proponemos. Por ejemplo: en la elección al Congreso el sistema es proporcional corregido con D’ont y limite del 3% con distritos provinciales y reparto de escaños beneficiando a las provincias mas pequeñas. Esto en este momento genera un bipartidismo débil con dos partidos de ámbito estatal pero incapaces de tener mayorías absolutas, que les hace depender continuamente de pactos con los partidos nacionalistas, que son los grandes beneficiarios del sistema ya que están sobrerrepresentados.

Plantearnos un sistema mayoritario y con distritos mas pequeños podría parecer, en principio, que permitiría un Congreso más estable y por tanto un gobierno fuerte; pero si estudiamos detenidamente la situación podríamos encontrarnos con unos nacionalismos más fuertes y una población sin representación, como sucede ahora.

Propongo pues que definamos que queremos, o dicho de otro modo como se elige el Gobierno, como el Congreso, como el Senado y por que no como el Consejo del Poder Judicial.

Aceptando el sistema bicameral español como forma de poder legislativo pienso que deberíamos plantearnos que si lo que queremos es que el Congreso sea fiel reflejo de lo que desean los ciudadanos hemos de apostar por un distrito electoral único y un sistema de asignación de escaños proporcional. Aquí el primer avance supone la creación de distrito único: es decir el voto de un ciudadano, viva donde viva, es igual al de cualquier otro.

Los inconvenientes sobre si se vota a partidos o a personas son, entiendo yo y disculpadme si ofendo a alguien, de una ingenuidad galopante (Actualmente y con el sistema de distritos provinciales conocer a todos los candidatos es imposible, si pasásemos a distrito uninominales la mayoría, salvo contadas excepciones, votarían por definición ideológica).

Seguramente podría existir un sistema intermedio en el que garantizando la distribución obtenida en distrito único conviva con listas por autonomía o provinciales, permitiendo una sensación de cercanía al votante (me gustaría en un futuro elaborar algún diseño comparado).

La posibilidad de desbloquear las listas (no confundir con listas abiertas) permitiría que el votante seleccione dentro de la lista elegida a las personas que considera mas valida para llevar adelante el programa, ello supondría la reordenación de la lista por el electorado. Evidentemente el número máximo de personas a seleccionar debería fijarse a la baja entre 5 y 20 dependiendo de si son listas nacionales o autonómicas, es decir un número que podamos manejar los electores por conocimiento de los candidatos, bien de ámbito nacional o local.

La necesidad de poner un porcentaje minimo a de votos para obtener representación es un debate abierto, ese limite puede ayudar a la desaparición de partidos nacionalistas o forzar un pacto entre ellos. Me parece mas interesante que la representación sea lo mas cercana a la realidad.

El Senado necesita una reforma pero su sistema electoral de lista abierta (no confundir con listas abiertas) con voto limitado es excelente, aquí la propuesta debería orientarse a que la circunscripción electoral sea la comunidad autónoma y que cada comunidad tenga los senadores que le corresponda proporcionalmente a su población.

La elección del poder ejecutivo, del Gobierno, merece un análisis más profundo que no me alcanza en este escrito, pero, creo deberíamos plantear una posible segunda vuelta entre los primeros candidatos (los mas votados) de las dos listas mas votadas, para la elección de presidente del Gobierno. Ello implicaría reformas en el sistema de mociones de censura, que no habrían de desaparecer pero no seria suficiente con un 50%, ya que haría inestable al gobierno.

Finalmente quiero introducir un debate y es la elección directa de los miembros del Consejo del Poder Judicial por los ciudadanos con tiempos de legislatura separados de los del Congreso. Tal vez un buen sistema seria el de lista abierta con voto limitado como en el Senado y distrito único.

En fin es mi primera aportación al debate, espero que nos sea propicio.

Vicente Serrano Lobato
vicenteserrano@alternativaciudadana.es

(Publicado en los foros de debate de Plataforma Pro)
Alternativa Ciudadana Progresista, 8 de agosto de 2007

Regreso a la orfandad o el desencanto. Las razones de un abandono.

Tras mi paso por la experiencia frustrante de “Esquerra Unida” y el abandono de los intelectuales del Foro Babel, miraba la política distante. La victoria del PSC en las autonómicas, con Maragall como presidente de la “Generalitat de Catalunya”, los intelectuales “babélicos” pasaron de la esperanza a la frustración, sus tertulias les llevaron a un convencimiento que yo ya tenía: el socialismo catalán ahondaba en un nacionalismo que llevaba como impronta desde el nacimiento del PSC.

El análisis que justificaba la necesidad de creación de un nuevo partido parecía acertado y respondía a las expectativas frustradas de la izquierda no nacionalista respecto a las políticas identitarias que practicaban los gobiernos previos de CiU. Su acierto o su error fue plantear un partido que conjugase corrientes no nacionalistas de izquierda con otras de centro e incluso cercanas al PP. Todas esas corrientes estaban dispuestas a ceder parte de su identidad por un proyecto que ayudase a regenerar la democracia y marginase a unos nacionalismos minoritarios en el ámbito estatal, pero sobredimensionados y fuertes en sus feudos merced a una ley electoral que les beneficiaba.

Ciutadans parece pues el diseño perfecto, pero los dos intelectuales más representativos del proyecto: Francesc de Carreras y Arcadi Espada, de caracteres y estilo bien diferenciados, marcan el desarrollo de todo el proyecto, primero forzando la dimisión de Félix Pérez Romera (alma organizativa del proyecto) tras un órdago de Arcadi al que se somete Francesc. Los validos nombrados para dirigir el barco hasta su congreso fundacional: José Domingo y José March (los pepes) hacen correctamente el trabajo entregando el partido a personajes con currículum que han visto en el nuevo partido un modo de promoción personal (Rivera, Cuadrado, Espejo, Carrizosa, etc.), e incluyen a un histórico de la lucha contra el proceso de asimilación identitaria para completar el cuadro (Robles) y algunos representantes de las bases que sean fácilmente asimilables con los cantos de sirena del poder, por supuesto mantienen a los “pepes” dentro de la ejecutiva, sin mando pero esperando su oportunidad.

Los resultados de las autonómicas lo disculpan y justifican todo, el desnudado Rivera se endiosa, y comienza un proceso de control del partido en detrimento de la participación de los afiliados. Robles por su lado da apoyo al proceso de creación de federaciones en un intento de democratizar y dinamizar el partido (ampliación del Consejo General con la inclusión de delegados de las federaciones). El “riverismo” (entendido como movimiento de afección al líder) se empieza a organizar y los nuevos coordinadores de las federaciones de Barcelona (Ciudad y Provincia) se apuntan a él (Manuel García Bofill y Joan García). El desastre de las municipales está servido: aparte de consolidar el poder del jefe promocionando a los primeros puestos de Barcelona a la insulsa Esperanza García y Mari Luz Guilarte, son incapaces de liderar una campaña electoral que resulta gris y mediocre, sin garra. Lo único que hacen bien es prepararse para la critica post-electoral haciéndose las victimas de “oscuras campañas” de desprestigio personal, eso que tan bien saben hacer ellos (yo soy uno de sus objetivos más trabajados).

Siempre he dicho que los congresos los gana quien los organiza y éste de Ciutadans no iba a ser una excepción. El pacto entre Albert Rivera y Francesc de Carreras (y el “revolucionario” Félix Ovejero) contempla la colocación en el ideario de un cartel de neón con el titular de “centro-izquierda” sin mayor contenido (y unos estatutos de derechas) con una ejecutiva al gusto de Albert, es decir guardia pretoriana personal, participación cero (¿a ver qué caramelo le dan a las agrupaciones?), federaciones, consejo general y comisión de garantías afines. Todo bajo control.

Frente a sus planes, los “liberales” (acólitos de Arcadi) nos proponen a la “izquierda no riverista” un pacto por la regeneración de Ciutadans. Aceptamos el envite, queremos unos estatutos más participativos y democráticos, primarias en las listas electorales, listas abiertas con voto limitado en todos los procesos de elección, limitación de la presencia del Comité Ejecutivo en el Consejo General, Comisión de Garantías más autónoma, etc. Aceptamos que Luis Bouza encabece la lista y presentamos una candidatura públicamente sin definir todavía su composición.

Durante el Congreso se consigue el rechazo a la gestión de la Ejecutiva, a la gestión económica, al Consejo General (es una autocrítica a nosotros mismos) y se aprueba la de la Comisión de Garantías. Aunque con mucho esfuerzo los estatutos resultantes son reflejo de esa voluntad, excepto en las listas abiertas que en una enmienda que llega de rebote al plenario (no se había debatido en el grupo de estatutos) y con una demagogia inaceptable es aprobada. Cinco minutos de victoria pírrica, aprobamos por amplia mayoría las listas abiertas con voto limitado que impide que mayorías minoritarias se queden el 100% de la ejecutiva y ante los cantos de sirena del “derecho de los delegados a votar a todos los puestos de la ejecutiva” se consigue eliminar la salvedad garantista y democrática del limite de voto, convirtiendo las listas abiertas puras en un sistema mayoritario que tanto anhelaba Albert.

La elaboración de listas rompe nuestro acuerdo con los “liberales”, no es posible el acuerdo a pesar de la extrañeza de Polo al subir a la tarima de presentación de la candidatura y no ver ni a Inés Villanueva, ni a Antonio-F. Ordóñez, ni a mí. La candidatura que tenemos preparada y con las firmas necesarias (incunable en manos de Paco Garrobo) no es presentada finalmente, nos sentimos defraudados, prevemos el final y decidimos retirarnos.

Pasaban unos minutos de las 3:30 de la tarde y me largué, no había nada que hacer ya allí, los resultados estaban cantados. Tras una tarde tranquila y unos abrazos a mis amigos y alguna nostálgica lágrima y con la mayor frialdad del mundo pedí la baja en Ciutadans, convencido de que es preferible volver a la orfandad política, a la intemperie donde poder expresar tus ideas con libertad. Aunque sé que no estaré solo.

El proyecto de Basta Ya es un imponderable todavía y una ilusión.

Vicente Serrano (Huérfano Político)

Alternativa Ciudadan Progresista, 4 de julio de 2007