Jacobinismo y lengua. El 155 no sirve para arreglar este desastre: la inmersión lingüística

En España nunca hemos sido muy jacobinos en su sentido más centralista, por lo menos a nivel lingüístico, y tampoco en su sentido más progresista, en su radicalismo democrático. En Francia el jacobinismo impuso el francés como lengua única, persiguiendo la igualdad de todos los ciudadanos. Mientras en España, excepto el paréntesis franquista y supuestamente 1714, el catalán siguió vivo y con fuerza. Durante la segunda República el bilingüismo era la norma en las escuelas catalanas.

La llegada del nacional-catalanismo al poder con el primer gobierno elegido de la Generalitat restituida por la Constitución del 78, de Jordi Pujol,  impone en un proceso, lento pero inexorable, el monolingüismo en catalán, fiel reflejo de las reminiscencias asumidas en el pasado franquismo por sus muchos herederos. El proceso de hacer hervir el agua lentamente con la rana dentro, para que no tome conciencia de que la están cocinando, empieza ya a generar desafección en la mayoría castellanohablante de Cataluña.

Oportunísima sentencia del Tribunal Constitucional para que el gobierno pueda justificar su incompetencia ante el problema de la “inmersión lingüística” en Cataluña. En España tenemos un problema de jerarquía de leyes. Unido todo ello al miedo escénico de un gobierno inseguro mezclado con intereses de los partidos en el Gobiernos y su mercadeo con los partidos.

Ciertamente el parche …… lo único que hacía era pretender contentar a los más activos defensores del castellano aplicando una normativa bastante neoliberal por la cual permitía desviar fondos públicos a la privada…… ¡como siempre!.
Ya lo advertí en su día (El-erial-de-la-izquierda-en-Cataluña, párrafo 9).

Lo cierto es que el Gobierno está atado de pies y manos con su 155 con fecha de caducidad. Poner la casilla del castellano en las hojas de matriculación no resuelve nada –bueno ciertamente generará una fuerte polarización social hasta ahora amagada (escondida, enterrada)–. En cuanto el nuevo gobierno nacional-secesionista se instale en la Generalitat se iniciará de nuevo el camino del procés y ahí no caben derechos lingüísticos de los castellanohablantes.

El PP, como ya dije hace tiempo (El tigre se quedo en gatito, párrafo 3), nunca ha pretendido desbancar a los nacionalistas en Cataluña. Es consciente de que aquí no crecerá haga lo que haga –la billetera de los votos se la ha quedado C’s– por lo que su aspiración es la del retorno del nacional-catalanismo a posiciones moderadas con quien volver a pactar.

Se supone que las leyes orgánicas, como es el caso de la de educación, han de ser cumplidas en aquellas materias que regulan derechos fundamentales por todas las instituciones del estado incluidas autonomías y municipios. Aclaremos que en España no existe ningún blindaje de competencias y todas, gestione quien las gestione, se han de atener a la ley.

El problema es que tanto PP, como PSOE, han hecho dejación de sus responsabilidades, en el tema educativo y en muchos otros, cuando han estado en el Gobierno a cambio de pactos puntuales. La no presentación de recursos de inconstitucionalidad a la ley de normalización lingüística fue el resultado de ese intercambio desigual. De aquellos polvos estos lodos.

Resolver esto con un decreto es como matar elefantes con escopeta de balines (que me perdonen los elefantes). Es decir, ahora el PP quiere lavarse la cara sabiendo que lo suyo no dejará de ser puro artificio.

De la izquierda mejor no hablar. Escuchar a Iceta decir tonterías es muy grave. Lo mismo que a Domènech. ¿De dónde han sacado lo de separar a los niños por lengua? O son tontos, que no lo creo, o se lo hacen, o iría más allá: siguen jugando a dorarle la píldora al secesionismo. Así le va y así les irá. Como dice Paco Frutos, hemos de empezar a vernos gentes de izquierda no “contaminados” por el nacionalismo.

Nou Barris. Barcelona, 22 de febrero de 2018

Vicente Serrano

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas.

Autor de “El valor real del voto”. Editado por El Viejo Topo. 2016

Publicado en Crónica Popular y El Catalán

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