Desmontando el “derecho a decidir” (II)

El papel de la izquierda

Entender la posición de la izquierda española en el tema de los nacionalismos periféricos es bucear en un pasado más allá de la misma transición. Pero en aras de no irnos más allá podemos afirmar que, si bien el candado del 78 tiene elementos negativos, estos están en muchos casos no exactamente donde nuestra izquierda oficial los sitúa, sino más bien en sus propias contradicciones.

El catalanismo, durante todo el franquismo, fue muy poco activo, y en todo caso fue un fiel aliado –si no todo, casi todo– del Régimen. Solo hay que repasar el gran número de alcaldes franquistas que transitaron hacia Convergencia tras la transición, o, yendo más atrás, el recibimiento en loor de multitudes que se le otorgó a Franco en su entrada triunfal por la Diagonal de Barcelona.

Por otro lado, la izquierda en Cataluña siempre ha sufrido un complejo de culpa impropia ante el nacionalismo, ya desde el inicio de la Guerra Civil, cuando se fusionan las federaciones del PSOE y del PCE en el famoso PSUC -reivindicado ahora por el “nuevo sujeto político” de Catalunya en Comú– y asumieron la defensa del “catalanismo popular”, una suerte de sumisión edulcorada al nacional-catalanismo. Su relación de independencia respecto a la matriz española y la aceptación del PCE de esa anacronía ha empapado el devenir de la izquierda, no solo de la catalana sino del conjunto de la española. Casi podríamos hablar ya del “Paradigma PSUC” en tanto que el modelo se ha “contaminado” al resto de las formaciones de izquierda españolas.

Cuando ya en la transición se reconstruye un inexistente, hasta la fecha, PSOE, se repite la operación, creando el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) con la fusión de la Federación Catalana del PSOE, el Partit Socialista de Catalunya-Congrés (Convergencia Socialista) y el Partit Socialista de Catalunya-Reagrupament (Josep Pallach), con los mismos mimbres. De nuevo mal resuelto en el último acuerdo de relaciones entre PSC y PSOE tras el conflicto surgido a partir de la ruptura de la disciplina de voto en la investidura de Rajoy (independientemente del sentido de los votos)

El esquema se repite nuevamente cuando se constituye Izquierda Unida con su alter ego en Cataluña Iniciativa per Catalunya, en sus distintas versiones, y siendo sustituido posteriormente por Esquerra Unida i Alternativa.

En todas estas relaciones entre la versión catalana y la estatal (por no entrar en disquisiciones sobre nacionalidades y estatalidades) existe, siempre, una relación asimétrica donde la parte catalana es una entidad totalmente independiente (confederal) y, en cambio participa, como si de una federación (no confederal) se tratara, en los órganos de dirección de la correspondiente entidad española.

Las fricciones que esa relación conlleva han sido múltiples, y hace inviable una política homogénea para el conjunto de España: las más llamativas, las conflictivas relaciones, mal resueltas de nuevo, entre el PSC de Iceta y el PSOE -con la Gestora y antes de ella- No parece que la reconquista de la secretaría general por parte de Pedro Sánchez mejore las perspectivas ya que asume con su “plurinacionalidad” las reivindicaciones nacionalistas. Lo de Nuet como Coordinador de EUiA, no ya solo respecto a Izquierda Unida –en las elecciones generales de 2015 se desmarca de IU, integrando a su organización en la candidatura Catalunya Sí que es Pot–, sino, también, a la democracia interna de su organización, no tiene parangón.

Pareciera que nada podría empeorar esa situación; sin embargo, la historia siempre nos depara la posibilidad de darle otra vuelta de tuerca a la… ¿ineptitud?

Éramos pocos y parió la burra. Analizar Podemos, su génesis, sus dinámicas, interioridades y exterioridades es, seguro, labor que supera este artículo, pero es evidente que en el tema de la relación entre España y sus periferias -por utilizar estilos lingüísticos acordes con su cúpula-, es, no ya una huida hacia delante, sino un salto al vacío. Que una organización que surge con una vocación renovadora para toda España acabe siendo la promotora de la deconstrucción confederal/cantonalista de esa misma España desde posiciones supuestamente de izquierdas deja pasmado a cualquiera.

El triple salto mortal/intelectual para tal hazaña no tiene desperdicio. Toma impulso, por un lado, en la justificación pseudo-democrática de la “fundamentada” teoría del “derecho al divorcio”; y, por otro, en la sesuda estrategia fraterno-marxiana –esto es, digna de los hermanos Marx–, del “más madera, es la guerra”, o, dicho de otra manera, “cuanto peor, mejor”. Según esta estrategia, a la izquierda, incapaz de asumir la pérdida de hegemonía y de realizar la necesaria autocrítica, no se le ocurre otra cosa para superar la actual situación en España: que cargársela. No a la situación, sino a España, vía voladura territorial. Y luego, si la cosa lo permite, ya iremos tomando el poder, cachito a cachito, en cada estadito/cantón, y pegándolos unos a otros con esparadrapo pseudo-federal, es decir, confederando o no, según se tercie. Y hasta puede que nos invadamos unos a otros.. ¡ya pasó!.

Puede resultar un poco sarcástica la manera en que el párrafo anterior está redactado, pero es tal vez la mejor forma para poder explicar brevemente la contradicción intrínseca en el devenir de lo que se ha dado en llamar Podemos y sus confluencias. Lo más llamativo es que, en este caso, la vuelta de tuerca está caracterizada por la imposible llamada al orden de Pablo Iglesias Turrión a Dante Fachín para que se avenga a “razones” y se deje deglutir, como él quisiera, por la boa constrictor de Catalunya en Comú. Paradojas del DaD.

Por otro lado, todos sabemos que el “comú”, para ellos, es un “país” muy concreto: la Cataluña catalanista, es decir, no charnega, no obrera.

Parece que, finalmente, las izquierdas catalanas han conseguido quitarse el sambenito de sucursalistas. En todo caso se han convertido en el centro de referencia, y las sucursalistas son las izquierdas del resto de España, salvo, claro está, las vascas, que, como no puede ser de otra manera, son “genuinas”, dada la identidad propia de que disfrutan.

El problema es: ¿desmontando el “derecho a decidir” resolvemos el problema del nacional-catalanismo?

La realidad es que el problema no queda resuelto. En todo caso, a los convencidos del DaD es difícil sacarles de su error por mucho esfuerzo pedagógico que le echemos. La fe –el sentimiento- es una fuerza poderosa que no precisa de raciocinio.

En realidad, el DaD es un invento bastante novedoso dentro de un proyecto de largo recorrido: el nacional-catalanismo. Lo que empezó como juegos florales tiene la evolución típica de todo nacionalismo: una vez definidas las fronteras de su identidad –con proyección expansiva en el caso catalanista–, se procede a la homogenización de la población, para luego aspirar a convertir esas fronteras en estatales. Y para ello sirve el DaD o cualquier otra herramienta. Hay que reconocer que el “constructo”, el meme, les ha salido muy rentable.

Parece ser que el derecho de autodeterminación, derecho perfectamente reconocido en la ONU, era inicialmente reclamado por el nacional-catalanismo. Sobre todo por el catalanismo de izquierdas, léase PSUC, quien lo incorpora, de forma algo dogmática y poco debatida, en su programa –una interpretación leninista bastante literal y acrítica–. El PSC también lo adopta desde sus orígenes, y la derecha catalana, hegemónica en el movimiento nacionalista, lo hace suyo. Pero lo cierto es que la reivindicación de tal derecho no parecía dar frutos políticos ni sumar adeptos al proyecto, ya que chocaba con la evidencia de su inaplicabilidad al caso de Cataluña en España.

El “derecho a decidir” fue, y es, el sustituto ideal para incorporar gentes a los deseos de “libertad del oprimido pueblo catalán”, por su versatilidad para contentar a todos sin explicitar nada. Pero lo cierto es que el abandonado, coyunturalmente, derecho de autodeterminación retornará cuando sea preciso en un futuro, bien para justificar la secesión a priori o a posteriori.

Vicente Serrano

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista

Autor de “EL VALOR REAL DEL VOTO” Editorial El Viejo Topo. 2016

Be the first to comment on "Desmontando el “derecho a decidir” (II)"

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*