El síndrome Trueba de la izquierda española

Andan todos revueltos por las declaraciones de Fernando Trueba sobre sus cuatro minutos de sentimiento español. Hasta Évole ha salido al paso del supuesto boicot a la película, tan nominalmente española y monárquica, “La Reina de España”.

A mí siempre me ha parecido que cada cual puede sentirse como le venga en gana. Si uno nace en negro y en Etiopía tiene todo el derecho del mundo a sentirse blanco y sueco, pero uno es lo que es a pesar de sus propios sentimientos y esa realidad es la que le determina; la primera físicamente y la segunda social y políticamente, y eso no se elige. Yo nací blanco y en España y para más INRI durante el franquismo. Como Fernando. Y ¿como me siento? En la silla, normalmente. Va a días.

trueba

Fernando tiene un problema, es estrábico, pero ello no le ha impedido hacer un montón de películas exitosas. Es decir: su estrabismo no le impide tener criterio cinematográfico. Tanto es así que, según se mire, ha tenido la inteligencia de hacer un cine muy español; españoladas, vamos.

Sin embargo, Fernando, al igual que la izquierda española en general, sufre de un estrabismo político, digamos que no mira de frente a su propio ser y se pierde por sus sentimientos y por sus complejos. Me explico. Cuando Trueba dijo aquello de que no se había sentido ni cinco minutos español confundió el culo con las témporas. Y es que el PP no es España, ni España es el PP; en todo caso una parte, importante, sí, pero no más del 33% del voto ni más del 22% del censo.

Aprovecho para introducir un inciso. Es como cuando Puigdemont y todos los secesionistas catalanes -incluidos los de la CUP- hablan como si fueran ellos toda Cataluña cuando solo son el 48% del voto y menos del 36% del censo. Salvando las distancias de que antes hablábamos de un partido y en este caso de un proyecto, y además de que los porcentajes no son comparables, pues en las generales el nacionalismo cayó varios puntos.

La cosa era incidir en el estrabismo de la sociedad en temas como el sentimiento de pertenencia –que ni es bueno ni es malo, salvo si quieres imponerlo al resto del mundo– y la realidad, entre el sentir y el ser.

Si el socialismo utópico se superó por el socialismo científico, parece que ahora estamos en una nueva fase: el socialismo estrábico. ¡Al menos en España! Que se caracteriza por confundir la parte con el todo y de renunciar, sobre todo de renunciar, a pensar en el todo. España es algo más que el franquismo, que históricamente parece que todavía tiene acomplejada a la izquierda, tanto que no se reconoce como española. Se puede reconocer como catalana, andaluza, vasca, gallega, etc., pero, ¿española? ¡Vade retro Satanás!

Y ¿que le pasa a Évole? También confunde el culo con las témporas. Trueba negó a España tres veces –Ahora lleva una campaña de cariño que sonroja–, en cambio Pérez Andújar nunca negó a Cataluña. Andújar no es estrábico, es catalán y se siente catalán y reclama poder sentirse catalán como le venga en gana, y denuncia la pretensión del nacionalismo de homogenizarnos a todos.

El problema es que, como Andújar, somos mayoría los que sentimos a Cataluña diferente de como la sienten, e intentan imponer, los separatistas. Y siendo, como somos, mayoría, la izquierda española –y más concretamente la catalana, la misma que le invitó a ser pregonero en las fiestas de la Merced de Barcelona– no se entera o no se quiere enterar.

Y así andamos con una izquierda en proceso de desintegración, como bien apuntaba Juan Francisco Martín Seco, condenándonos a una España balcanizada en manos de las derechas nacionalistas o a una España derechizada en manos del PP. En todo caso, sea junta o a trozos, el futuro parece neoliberal. Gracias Pedro, gracias Pablo, gracias Ada.

En Nou Barris, Barcelona a 07 de diciembre de 2016

Vicente Serrano
Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista
Autor de “El valor real del voto

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