La difícil tarea de votar… o no votar.

en consecuencia
¿no sería hora
de que iniciáramos
una amplia campaña internacional
por los izquierdos humanos?

(Mario Benedetti)

 Supongo que cuando se publique este artículo ya habrán pasado las elecciones municipales, esto se escribe el miércoles previo a las mismas. Y he decidido que me voy a abstener. Pero antes de justificar, ¡explicar mejor!, mi decisión quiero traer aquí mi reflexión reflejada en el artículo “Diseccionando a un sistema electoral tramposo” que se ha publicado en El Viejo Topo de este mes de mayo:

“La abstención es despreciada como si el acto de no votar supusiera una dejación, una renuncia al derecho a ser representando, esa es una visión interesada y falsa. La abstención es la más potente crítica al sistema electoral actual, independiente de que sea una abstención pasiva o activa, consciente o inconsciente. Su valor no es ni mayor ni menor que el voto a cualquier formación. En todo caso refleja un fallo del sistema democrático por lo que ciertas decisiones del poder establecido, las de mayor calado, deberían precisar de mayorías más elevadas dependiendo del porcentaje de abstencionismo o en su defecto del necesario refrendo de una mayoría social.”

Lo primero que puedo afirmar es que, se publique cuando se publique, la abstención habrá ganado las elecciones y no es para estar muy orgulloso ya que eso lo que demuestra es que algo falla. Algo hace que una parte muy importante de la ciudadanía sienta que no puede ser representado o, en una expresión más coloquial, “que vote lo que vote no va a servir para nada”.

Yo vivo en Barcelona; si viviera en Madrid sé que tendría opciones para votar y qué votaría. Si viviera en Badalona también ¡Es Posible!. Pero vivo en Barcelona y a pesar de tantear y evaluar las diferentes opciones he considerado que no vale la pena depositar mi voto. No es que yo pretenda que exista una opción exacta a mis posiciones, soy consciente de que tal cosa es imposible. Pero ya puestos desnudemos mi alma explicando mis desafecciones:

Por principio no voy a votar ni al PP por derechón, ni a CiU por lo mismo y por su responsabilidad en la ruptura de la convivencia de la sociedad catalana (“cohesión”, dicen ellos). A ERC le tengo especial inquina, bajo unas aparentes siglas de progresía se esconde lo más carpetovetónico de Cataluña, no puedo votarles. La CUP, obsesión soberanista e insolidaria, mueve el árbol para que el nacionalismo recoja las nueces. No, gracias. Y qué decir de Ciudadanos, el proceso de derechización que ya anuncié en 2009 se completa y le sitúa parejo en sus planteamientos económicos y sociales al PP. Nada más faltaba poner a la antigua militante del PP Carina Mejías como primera de lista, nada qué votar. Me planteé votar al PSC por primera vez en mi vida, parecían liberados al salir de su interno los nacionalistas que le producían una suerte de artrosis política, pero su reacción airada y en bloque ante la tímida sentencia del TSJC que exige un 25% de castellano como lengua vehicular en las clases me demostró que aún les queda mucho por recorrer. Va a ser que no.

Me dejo para el final a “Barcelona en Comú”. Hay muchos amigos trabajando en la candidatura. Hay voluntad en el programa. Pero no me convencen quienes lo encabezan ¡la sinceridad por delante! Desconfío de Colau, de Asens y de Pisarello, tridente del Observatori DESC con su manifestado y ahora acallado apoyo al independentismo. No me fío de Joan Herrera tras su foto prosecesión junto a Mas y Junqueras, ni de mi viejo “compañero” Nuet, dispuesto a arrastrar a EUiA a una ruta por la independencia que ni sus compañeros del PSUCviu quieren. Y qué decir de la presencia de Podem Barcelona en la lista, diluyéndose cual azucarillo, regalándose voluntariamente. La presencia en las listas de un resucitado “Proces constituent” que boqueaba tras la aparición de Podemos es paradójica; aunque dada la multimilitancia de sus componentes no es de extrañar: Asens, Bel, Raimundo Viejo, etc.

BeC vendió democracia y en realidad la lista fue pactada entre las élites. Se lo advertimos a Monedero en un breve encuentro a principios de septiembre del 2014, “que todo estaba pactado” y dijo que Podemos no lo aceptaría ¡quien te ha visto y quien te ve! Vivo en Nou Barris y me crié en el Carmelo, echo de menos la diversidad que pregonan, ¿dónde está la publicidad en castellano? ¿Dónde su compromiso con esa diversidad lingüística en las instituciones de Barcelona, desde la escuela hasta en la calle? Es hora de hablar claro y sin evasivas y eufemismos.

Esa es mi decisión: la abstención. Me falta una opción de izquierdas con un compromiso no nacionalista. Claro, conciso y concreto. Se acabó el tiempo de votar con la nariz tapada o de “votar en contra de”. La abstención es una opción democrática que refleja mi desazón.

Es mi opción personal y no la de Alternativa Ciudadana Progresista ya que entre nosotros las opciones son diversas dentro de las opciones de izquierda y que queda reflejado en el esfuerzo realizado de dar voz a candidatos de diferentes listas.

Es imprescindible que el ayuntamiento de Barcelona cambie de manos. Será Ada Colau la que deba tomar la iniciativa y sería un error recrear aquel tripartito con ERC. Sus declaraciones en el debate de TV3 (21/05/15), temo que marcan esa línea, con su sempiterna defensa de un “derecho a decidir” insolidario (sumiso en el concepto, deslavazado en su desarrollo) y con su defensa balbuceada de la inmersión lingüística. Solo una visión no sectaria de lo que necesita la ciudad, y no nos engañemos Cataluña, le puede ayudar a romper con los viejos esquemas que ha incorporado a su candidatura.

Veremos lo que nos depara el futuro. En todo caso sigue existiendo una orfandad para las gentes de izquierda que tenemos superados trasnochados conceptos de identidad.

Vicente Serrano

Barcelona, viernes, 22 de mayo de 2015

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