Corrupción, partitocracia. Regeneración Democrática

Que la Constitución necesita una puesta a punto, incluyendo “hacer motor”, es una realidad indiscutible. El problema es el motor que le ponemos y la dirección.

El sistema de partidos actual genera en sí mismo corrupción y no se salva ninguno. Afirmar que todos los políticos son corruptos es de una memez sectaria insostenible; digamos que no más que el resto de los ciudadanos españoles. Porque el problema de la corrupción es ése. Que el corrupto lo sea más o menos es directamente proporcional al puesto que ocupa en la sociedad, en lo público o en lo privado.

En España, la corrupción se ha instalado en todas las relaciones sociales. ¿Cuántos pisos, con burbuja inmobiliaria incluida, no tenían una parte en negro aunque el dinero que el comprador aportara fuera blanco? El simple hecho de acceder a ello nos convertía a todos en corruptos o cuanto menos en colaboradores necesarios/forzosos.

En el puesto de trabajo de uno de los que firmamos este artículo, a lo largo de una vida laboral de más de 37 años, ha visto a trabajadores llevarse resmas de papel para casa, y otros objetos de más valor que es preferible no indicar aquí. Estos mismos trabajadores han marchado codo con codo junto a otros, honestos, que nunca se llevaron nada, en huelgas y manifestaciones contra las políticas empresariales o gubernamentales que pretenden maximizar el beneficio a costa de todos los trabajadores. Ni todos los sindicalistas son corruptos, ni todos los políticos… ni todos los ciudadanos.

Hay que cambiar el sistema de partidos para que los que los dirijan sean los mejores y los más éticos, no los mediocres avariciosos. Hay que democratizarlos y expulsar a los corruptos. Eso sirve para los partidos actuales, aunque me temo que por sí mismos no lo van hacer. Si no lo hacen, los ciudadanos tenemos la posibilidad de organizarnos de forma alternativa. Pero, para ello, hemos de cambiar los valores éticos y participar en política, no solo ir a las manifestaciones que nos organice el partido opositor de turno.

Porque estar contra la corrupción hubiera significado ir a Plaça San Jaume o frente a la sede de CiU a reclamar a Mas su dimisión, la de la cúpula de su partido y la de Duran i Lleida; y marchar a pedir explicaciones a Griñán por la vergüenza de los EREs, y pedir también su dimisión; y reclamar justicia por los escándalos de Gürtel, Palau, Pretoria, Mercurio, Pepiño Blanco, Clotilde… y no sólo frente al PP por lo de Bárcenas. Que sí, que es inaceptable, pero ¿acaso no lo sabíamos?

¿Dimitir Rajoy? ¿Para que pongan a Esperanza Aguirre o a quién? El PP tiene mayoría absoluta y no creo que se le ocurriera convocar elecciones en un momento como éste. El harakiri sólo se lo hacen los japoneses que nosotros sepamos, y no todos, sólo los que tienen un alto sentido del honor. Rubalcaba ¿qué quiere? ¿Que le regale el gobierno Rajoy? ¿Es que está libre de culpa?

Es necesario algo más que un simple cambio de caras en España. Hay que regenerar la vida pública y política, y eso no se hace en dos días.

Lo primero es guardar la piedra (los políticos, los ciudadanos hemos de seguir exigiendo responsabilidades) y empezar por asumir en cada casa (partido político) las vergüenzas propias. Expulsar a los corruptos y ponerlos a disposición de los jueces. Democratizar los partidos; refundarlos. Afíliense, ciudadanos, a los partidos que representan sus ideas políticas y, si no los hay, ¡créenlos!, ¡participen!. Habrá que hacer una ley de mínimos democráticos para las organizaciones políticas.

Rediscutamos la Constitución, pero con unos criterios básicos: igualdad de los ciudadanos ante la ley (de todos los ciudadanos), justicia social, redistribución de la riqueza, reparto de competencias entre el gobierno central, las comunidades autónomas y los municipios (evitando duplicidades innecesarias).

Separación de poderes. ¿Por qué no elegimos directamente los ciudadanos al presidente del gobierno (si eliminamos la monarquía, sería el Presidente de la Republica Española). Modifiquemos el sistema electoral haciéndolo más representativo, con una circunscripción única y desbloqueo de listas electorales. Despoliticemos el nombramiento del Consejo General del Poder Judicial, Fiscal General, Supremo y Constitucional; algo tendremos que decir los ciudadanos, ¿o no es así?

Hay algunos partidos políticos que han nacido con la intención expresa (o eso manifiestan sus representantes) de regenerar la democracia, y apelan a no pocas de las propuestas que acabamos de reseñar. Sin embargo, son partidos que presentan el rasgo común de su poca claridad en su posicionamiento dentro del eje izquierda-derecha, situados en ese limbo ideológico designado como transversalidad que, en último término, acaba propiciando la implementación de los mismos programas neoliberales dictados por el capital con los que los grandes partidos están asolando el país.

Y es que la pulcritud en el funcionamiento de las instituciones democráticas, la profundidad de su alcance y las medidas anticorrupción se quedan en la superficie de los problemas cuando no se aborda la centralidad del debate: el modelo socioeconómico.

Si resulta, además, que esos mismos partidos “regeneracionistas” utilizan el señuelo de la regeneración democrática y el discurso y la estética “post-ideológica” para justificar la explotación y el expolio al pueblo español, puede que, al fin y al cabo, la democracia per se y la lucha contra la corrupción se hayan convertido en una cortina de humo tan peligrosa como el nacionalismo. No es ninguna casualidad que los partidos transversales y regenercionistas más sonados sean los secesionistas catalanes Reagrupament y Solidaritat Catalana, así como los unionistas Ciutadans y Unión Progreso y Democracia.

No hay proyecto regeneracionista que merezca ser tomado en cuenta en su globalidad si no se enfrenta a las políticas económicas neoliberales que, a su vez, se enmarcan en el contexto de la subordinación de España (incluyendo, evidentemente, Cataluña) al eje franco-alemán (Unión Europea) y a los Estados Unidos. Ése es el debate de la regeneración democrática con mayúsculas y es el que la mayoría de los partidos evitan.

Lo demás es hacer… mucho ruido y pocas nueces.

Vicente Serrano y Diego Vega

eldebat.cat

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