La democracia en Cataluña esta en peligro.

 

Ya tenemos hecho diferencial. Si bien es cierto que la corrupción política asola a toda España, en Cataluña esta tiene tintes diferenciales.

 

La corrupción política aquí esta íntimamente ligada al proyecto de construcción nacional.

¿En que país es posible que alguien que ha desviado millones de euros de fondos públicos este tranquilamente en su casa?. Por menos fuimos a buscar a Roldan a la Conchinchina o por allí. Las implicaciones de la corrupción “Palau de la Mùsica Catalana” empapan a los partidos de obediencia nacionalista catalanista.

 

Pero no queda ahí la cosa. La “Generalitat” del tripartito desvía importantes sumas de forma poco democrática y transparente a entidades privadas que promueven la citada construcción nacional (Omnium Cultural) y hay fundadas sospechas de que parte de esos dineros hayan revertido en los partidos que hoy gobiernan La “Generalitat” y al que lo hizo en el pasado. Lo de los informes de dos paginas a 6000€ la pagina de “corta y pega” es historia que inexplicablemente todavía se practica con desfachatez antidemocrática. Y el 3% ya esta tapado por todos.

 

Se confirma la existencia de un PUC (Partit Unic o Unificat de Catalunya) del que formarían parte PSC, CiU, ICV y ERC con la continua solicitud de entrada del PP.

 

Seguramente el Sr. Montilla aducirá que el PSC no es nacionalista sino catalanista, pero los hechos son muy tozudos y el proceso de radicalización del nacionalismo (o catalanismo, lo mismo da que da lo mismo) se inicia a partir de la llegada del PSC a la presidencia de la “Generalitat”, primero con Maragall y luego con Montilla.

 

También la Sra. Camacho negará su continua llamada a la puerta del PUC, pero su poca crítica al Tripartito es acomplejada y esta siempre mediatizada por la futura y aceptada necesidad de pacto con el nacionalismo de CiU para el gobierno de España.

 

Esta dependencia de pactos con el nacionalismo la asumen tanto el PP como el PSOE. Lo cierto es que si ambos partidos tuvieran la suficiente valentía hace tiempo que habrían acordado una reforma electoral que permitiría situar a cada uno en su lugar: PSOE y PP incrementarían su representación, los nacionalistas quedarían reducidos a la realidad minoritaria de su propuesta y UPyD e IU obtendrían una justa representación acorde a sus votos. Esto, entiendo, permitiría centrar la política nacional (o estatal, como se quiera decir) en lo importante, en la ciudadanía, no en la identidad.

 

Pero volviendo a la Comunidad Autónoma de Cataluña podemos afirmar que esta corrupción que sufrimos desde hace años, y que hoy se vuelve a destapar, solo ha sido posible por la forma de construir esta autonomía. La representación política sufre una distorsión respecto a la realidad social (No digo que en el resto de España no suceda también, pero no de forma tan acusada). Mientras en el “Parlament” la mayoría de los “diputats” son nacionalistas en la sociedad catalana tal opción es minoritaria. Es evidente que tal disparidad se da más en los partidos de izquierda PSC e ICV, donde sus votantes son mayoritariamente no nacionalistas y sus dirigentes y diputados nacionalistas declarados, en la versión que ellos autodenominan “catalanismo”. Analizar los mecanismos por los que las clases populares que sufren la marginalidad provocada por un sistema de asimilación cultural que gestionan y promueven los diputados que ellos mismos votan, es la cuadratura del circulo necesaria para entender una sociedad pusilánime que se va cociendo poco a poco en una olla de la que ya no es capaz de escapar.

 

Con la aparición de “Ciutadans” se entrevió la posibilidad de dotar a los no nacionalistas de una voz en el “Parlament”. Era, y es, una necesidad larvada que por fin veía la luz. La corrupción interna del partido unida a los errores de su máximo promotor/fundador llevó el proyecto al fracaso. La falta de democracia interna, la obsesión por una ideología transversal al estilo del PUC pero en un solo partido han hecho que la actividad de los tres parlamentarios no haya tenido el resultado deseado de convertirse en referente social de la contestación. “Ciutadans” es un proyecto fracasado y amortizado, por lo que su permanencia como opción política es más una rémora que un acicate para la necesaria democratización de la sociedad catalana. Se ha convertido en el tonto útil de nacionalismo, aquel que permite al PUC afirmar que Cataluña es democrática porque existen opciones contrarias al nacionalismo. Esta claro que esa utilidad permitirá al impresentable Albert Ribera convertirse en receptor de palmaditas en forma liquida (monetaria) del PUC.

 

La otra opción de contestación en Cataluña es UPyD, pero su bajo nivel de implantación y de militancia unido a un exceso de control desde la cúpula, posiblemente por miedo a repetir los errores de “Ciutadans” junto a unos planteamientos de transversalidad similares hacen previsible en la próximas elecciones autonómicas la desaparición de diputados no nacionalistas en el “Parlament”.

 

El panorama no parece pues halagüeño para una democracia representativa en Cataluña. Sigo afirmando que es imprescindible una opción no nacionalista que dispute el espacio de la izquierda al PSC y a ICV y eso hoy ni se ve, ni se vislumbra.

 

Maldito sea el día en que algunos caímos en la trampa buenista de la transversalidad.

 

Vicente Serrano

Barcelona, 14 de octubre de 2009

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