Regreso a la orfandad o el desencanto. Las razones de un abandono.

Tras mi paso por la experiencia frustrante de “Esquerra Unida” y el abandono de los intelectuales del Foro Babel, miraba la política distante. La victoria del PSC en las autonómicas, con Maragall como presidente de la “Generalitat de Catalunya”, los intelectuales “babélicos” pasaron de la esperanza a la frustración, sus tertulias les llevaron a un convencimiento que yo ya tenía: el socialismo catalán ahondaba en un nacionalismo que llevaba como impronta desde el nacimiento del PSC.

El análisis que justificaba la necesidad de creación de un nuevo partido parecía acertado y respondía a las expectativas frustradas de la izquierda no nacionalista respecto a las políticas identitarias que practicaban los gobiernos previos de CiU. Su acierto o su error fue plantear un partido que conjugase corrientes no nacionalistas de izquierda con otras de centro e incluso cercanas al PP. Todas esas corrientes estaban dispuestas a ceder parte de su identidad por un proyecto que ayudase a regenerar la democracia y marginase a unos nacionalismos minoritarios en el ámbito estatal, pero sobredimensionados y fuertes en sus feudos merced a una ley electoral que les beneficiaba.

Ciutadans parece pues el diseño perfecto, pero los dos intelectuales más representativos del proyecto: Francesc de Carreras y Arcadi Espada, de caracteres y estilo bien diferenciados, marcan el desarrollo de todo el proyecto, primero forzando la dimisión de Félix Pérez Romera (alma organizativa del proyecto) tras un órdago de Arcadi al que se somete Francesc. Los validos nombrados para dirigir el barco hasta su congreso fundacional: José Domingo y José March (los pepes) hacen correctamente el trabajo entregando el partido a personajes con currículum que han visto en el nuevo partido un modo de promoción personal (Rivera, Cuadrado, Espejo, Carrizosa, etc.), e incluyen a un histórico de la lucha contra el proceso de asimilación identitaria para completar el cuadro (Robles) y algunos representantes de las bases que sean fácilmente asimilables con los cantos de sirena del poder, por supuesto mantienen a los “pepes” dentro de la ejecutiva, sin mando pero esperando su oportunidad.

Los resultados de las autonómicas lo disculpan y justifican todo, el desnudado Rivera se endiosa, y comienza un proceso de control del partido en detrimento de la participación de los afiliados. Robles por su lado da apoyo al proceso de creación de federaciones en un intento de democratizar y dinamizar el partido (ampliación del Consejo General con la inclusión de delegados de las federaciones). El “riverismo” (entendido como movimiento de afección al líder) se empieza a organizar y los nuevos coordinadores de las federaciones de Barcelona (Ciudad y Provincia) se apuntan a él (Manuel García Bofill y Joan García). El desastre de las municipales está servido: aparte de consolidar el poder del jefe promocionando a los primeros puestos de Barcelona a la insulsa Esperanza García y Mari Luz Guilarte, son incapaces de liderar una campaña electoral que resulta gris y mediocre, sin garra. Lo único que hacen bien es prepararse para la critica post-electoral haciéndose las victimas de “oscuras campañas” de desprestigio personal, eso que tan bien saben hacer ellos (yo soy uno de sus objetivos más trabajados).

Siempre he dicho que los congresos los gana quien los organiza y éste de Ciutadans no iba a ser una excepción. El pacto entre Albert Rivera y Francesc de Carreras (y el “revolucionario” Félix Ovejero) contempla la colocación en el ideario de un cartel de neón con el titular de “centro-izquierda” sin mayor contenido (y unos estatutos de derechas) con una ejecutiva al gusto de Albert, es decir guardia pretoriana personal, participación cero (¿a ver qué caramelo le dan a las agrupaciones?), federaciones, consejo general y comisión de garantías afines. Todo bajo control.

Frente a sus planes, los “liberales” (acólitos de Arcadi) nos proponen a la “izquierda no riverista” un pacto por la regeneración de Ciutadans. Aceptamos el envite, queremos unos estatutos más participativos y democráticos, primarias en las listas electorales, listas abiertas con voto limitado en todos los procesos de elección, limitación de la presencia del Comité Ejecutivo en el Consejo General, Comisión de Garantías más autónoma, etc. Aceptamos que Luis Bouza encabece la lista y presentamos una candidatura públicamente sin definir todavía su composición.

Durante el Congreso se consigue el rechazo a la gestión de la Ejecutiva, a la gestión económica, al Consejo General (es una autocrítica a nosotros mismos) y se aprueba la de la Comisión de Garantías. Aunque con mucho esfuerzo los estatutos resultantes son reflejo de esa voluntad, excepto en las listas abiertas que en una enmienda que llega de rebote al plenario (no se había debatido en el grupo de estatutos) y con una demagogia inaceptable es aprobada. Cinco minutos de victoria pírrica, aprobamos por amplia mayoría las listas abiertas con voto limitado que impide que mayorías minoritarias se queden el 100% de la ejecutiva y ante los cantos de sirena del “derecho de los delegados a votar a todos los puestos de la ejecutiva” se consigue eliminar la salvedad garantista y democrática del limite de voto, convirtiendo las listas abiertas puras en un sistema mayoritario que tanto anhelaba Albert.

La elaboración de listas rompe nuestro acuerdo con los “liberales”, no es posible el acuerdo a pesar de la extrañeza de Polo al subir a la tarima de presentación de la candidatura y no ver ni a Inés Villanueva, ni a Antonio-F. Ordóñez, ni a mí. La candidatura que tenemos preparada y con las firmas necesarias (incunable en manos de Paco Garrobo) no es presentada finalmente, nos sentimos defraudados, prevemos el final y decidimos retirarnos.

Pasaban unos minutos de las 3:30 de la tarde y me largué, no había nada que hacer ya allí, los resultados estaban cantados. Tras una tarde tranquila y unos abrazos a mis amigos y alguna nostálgica lágrima y con la mayor frialdad del mundo pedí la baja en Ciutadans, convencido de que es preferible volver a la orfandad política, a la intemperie donde poder expresar tus ideas con libertad. Aunque sé que no estaré solo.

El proyecto de Basta Ya es un imponderable todavía y una ilusión.

Vicente Serrano (Huérfano Político)

Alternativa Ciudadan Progresista, 4 de julio de 2007

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